viernes, 6 de abril de 2007

Ella en mi cabeza



Sobre la mesa observaba el despliegue de la diaria visita al bar: restos de dos platos vacíos y de cortados, una mosca solitaria merodeando las últimas migajas dulces frente al cenicero, cartas avinagradas de una última partida, junto a las cuales el sendero circular de la ahora ausencia de vasos.

Ya solo, reordenaba y torcía las ideas efímeras que, olvidadas, mañana volvería a ordenar metódicamente.

Sólo el transcurrir de una tarde adormilada reflejándose en la pantalla del viejo televisor apagado, de modo que casi llegué a pensar que las telarañas estaban sobre el aparato, en vez de lo contrario.

Yo había tomado una servilleta en la que dibujaba esbozos de una figuración tosca sin prestarle a su ejecución la atención necesaria, casi automáticamente, como un títere del tedio.

En esto, una joven finísima entró al bar, su caminar era peculiar y modesto. La seguí con la mirada por no tener mejor cosa por hacer. De vestido rojo, tez lactescente e iris verdes tras los anteojos, escogió la mesa del medio y se sentó en actitud reservada, seguramente esperando a alguien. Ciertamente, era muy bella.

De una pequeña cartera negra sacó una pequeña libreta, pero la distancia no me permitía ver qué escribía en ella. Para mi sorpresa, no esperaba a nadie, sólo se limitaba a seguir escribiendo… siquiera había hecho su pedido, y el mozo parecía no advertir su presencia.

Al cabo de unos minutos, como era de imaginarse, sus ojos me apuntaron y, contrario a lo que pensé que haría, me dedicó un gesto sutil pero expresivo, una pequeña sonrisa recatada y ambigua, por la que no tuvo respuesta por mi parte. En realidad, me sorprendía su amabilidad, tanto que, no sé bien pensando en qué, me levanté de la silla y tras enfrentar el cuerpo hacia su dirección di una rápida media vuelta y volví a sentarme. Si bien había sido un movimiento brusco y bastante estúpido, me sentí inmediatamente obligado a repetirlo, sólo que esta vez ni la media vuelta ni el ridículo estaban en mis planes. Pero caminando hacia ella, de momento no supe qué decir, con la mente repentinamente en blanco, y me vi torpemente parado a su lado, en un silencio tan grande como mi confusión. Muy nervioso, permanecí como entonces hasta que, ya para bien, ya para mal, la chica interrumpió su escritura y viró para examinarme, con una obvia pregunta entredicha en el gesto de los labios. -Perdón, perdón,- balbuceé - disculpe…- hubo un silencio. Yo permanecía casi inmóvil y sudaba. Ella pareció entender, sonrió y continuó escribiendo en su libreta.

Con el peso de la derrota, fui a buscar unos grizines y un té helado. Mas, fue muy para mi sorpresa que, con estos en mano, comencé a caminar directamente de nuevo a la mesa de la joven. Frenético, quise evitarlo, pero para el momento ya estaba allí. Y más extraño aún fue no ver en su cara la más mínima expresión de sorpresa y, como broche de oro, aceptar halagada la bandeja que ahora me inclinaba levemente para ofrecerle. En mi mente todo era un caos, pues mi cuerpo se desenvolvía muy a contramano de mi voluntad, pero la chica mantenía la naturalidad de cuando entrando al bar.

Decidí volver a mi mesa y ocuparme en mis cosas, pero esto último tampoco fue posible ya que al llegar a ésta tomé el cenicero en el que mi cigarrillo ya se había consumido solo y, siempre como un autómata, lo dispuse cómodamente en su mesa. Ella acababa de encender un fino cigarro y dejado de escribir.

Yo ya no sabía qué pensar. Exhausto, parado frente a su asiento, ordenaba las palabras: -¿Qué es todo esto?- ella permanecía en sus asuntos -¿Qué es todo esto? Sé que tenes algo que ver con lo que estoy haciendo…- insistí impacientado, tuteando para reforzar. Pero sólo me esperaba más silencio. Había vuelto a escribir, y rió levemente. –¡Quién sos!- levanté la voz, a lo que la gente comenzaba a darse vuelta para observar la extraña situación. Como se detuvo su escritura, me esforcé por leer qué era eso tan importante que la mantenía sin quererme contestar. Encongí la vista, puesto que tal era la rigidez de mi cuerpo ajeno a mi voluntad que apenas podía acercarme a la dichosa libreta. Luego de unos segundos finalmente logré descifrar lo que en ella acababa de escribir: “…finalmente logró descifrarlo, pero no quiso saber más, y volvió a su lugar calmadamente.”

Retrocedí exaltado, vi su sonrisa y sus ojos verdes mirándome con cierta ironía. Ciertamente, mi cuerpo dio media vuelta en expresión de no querer saber más y volvió a mi mesa aparentemente con calma, dando la espalda a toda la situación. Pero a diferencia de lo externo, en mi mente me ahogaba en un mar de pensamientos de todo tipo. Estaba perturbado, pero intenté apaciguarme mientras sentía volver a regir sobre mi cuerpo. Al bajar la mirada observé sin poder creer cómo, en la servilleta en la que antes había estado haciendo unos esbozos casi sin darme cuenta, se distinguía la joven de vestido rojo fumando y disfrutando de un té helado.

Tomé el papel entre ambas palmas y lo destrocé frenéticamente. No quise voltearme a ver, pero era innegable que en el reflejo del viejo televisor apagado se observaba en la mesa del medio un cigarrillo encendido y ya nadie para fumarlo.









-AG-

4 comentarios:

Vero L. dijo...

Muy bueno! Hacía tiempo que esperaba que lo publiques en tu space para leerlo... el título, cuando me lo contaste, me había parecido interesante. Me re gusta.
Me hace acordar a una peli de Dustin Hoffman, no me acuerdo el nombre ahora, pero es más cómica y menos mística

-AdRiáN- dijo...

Hey gracias! q bueno q te guste! y gracias por la buena onda de comentar che!

El título tiene lo suyo. Lo ques tá bueno es q te hace pensar q es una historia de amor y después te das con q nada q ver, y le da otro significado a la frase.

Y tenés razón, algo de comedia tiene esa frase: "Ella en mi cabeza" es el título de una comedia teatral de Oscar Martínez (?) que ahora ta teniendo muchisimo éxito. La obra no la vi ni sé de qué se trata, pero plagié el título por no encontrar mejor alternativa. (Es más, todos mis cuentos tienen nombres de películas, canciones, etc. Un pequeño vicio. Pero obviamente el contenido nunca es si quiera parecido).


CyasS!

Anónimo dijo...

Ya me lo habias hecho leer gallego... y de mas está decir que desde uno comienza a leerlo, te cautiva hasta el final... Eso es lo particular y tan bueno que tiene este relato... Hasta el título te cautiva: "ella en mi cabeza"... Seee... MUY POSTA!!!... jaja... mentendes mendes???... le dejamos mis salutes gente!!!
< RICA >

Onalem! dijo...

Adrián. Agradable Ella en mi cabeza. Me atrapó en un momento y esta bueno el final. Esos finales así son de mi agrado en particular, que te quedás con las ganas ^^.
Cambio todo, pensando que todo su mundo era ella y él no se animaba. Muy nervioso que hasta meponia nervioso que su nerviosismo.

Saludos.
Leido numero 1.