PD: gracias vero y sugus por comentar por estos lares!
- El Psicólogo -
Por qué no estamos en Otoño?

- Así es, licenciado, este problema incide en mí cada vez más, y afecta mis relaciones con otros. Hasta me quita tiempo, incómodamente, este infeliz.
- Lo escucho.
- Resulta que mis problemas con la gravedad continúan, peor aun, cada día se agravan más.
- Otra vez con eso, Perez?
- Otra vez, pero ésta tiene que ser la última. Usted me tiene que ayudar.
- Mhh..
- Sucede a cualquier hora, sin causa aparente: de pronto me encuentro en el banco y zas! pierdo todo sentido de la gravedad y salgo flotando. Luego deben bajarme con escobas y cosas por el estilo. Es realmente degradante.
- Me imagino.
- O tal vez esté dando una caminata por el parque y sucede, sin previo aviso. Entonces debo aferrarme a algún pino para no terminar en las nubes! Figúreselo, ya no salgo a caminar de día, con la gente alrededor. Sabe lo que sería sino? yo no tengo por qué ser el circo de nadie.
- Qué terrible.
- Sabe lo que es estar ayudando a mi único hijo con sus tareas del primario y de pronto hallarme en el techo junto a sus globos de helio? Mire a lo que me ha reducido... es realmente embarazoso.
- Lo que tiene que entender usted es que se puede controlar eso. Usted puede, todos lo hacemos cada día.
- Eso me deja más intranquilo... no tiene alguna pastilla que pueda darme, algo?
- Vamos a seguir con las pastillas de siempre, y con el tratamiento que venimos llevando.
- Uh... ese?
- El mismo. Vamos. Sienta el peso de sus párpados, se concentra en un punto, un punto fijo en su mente. Respira lento.
- Es que ya ni sé qué pretendía curar con eso! Siquiera recuerdo por qué vine en primera instancia. Y quiero mi mamadera.
- Concéntrese en el punto, por favor.
- No! ..Y no apagues la luz!
- Concentración! ...vamos más adelante. Qué pasó ese día, hace 30 años?
- Conocí al viejo de la bolsa.
- Por favor...
- Sí, sí lo conocí, en serio! Y está ahí sentado!
Hubo una pausa y sólo se oía la escritura del psicólogo en su libreta. Al rato, al levantar la vista, su diván ya estaba vacío. No así el techo.
- Pero qué barbaridad! Disculpe, por favor!
- Tenga cuidado con el cielorrazo, lo pusimos la semana pasada! ..escuche, a la cuenta regresiva de tres, oirá el chasquido de mis dedos, entonces volverá a ese diván, y actuará normalmente, como un adulto decente. Tres...
- Bueno ahora me agarro de la cortina y bajo, señor.
- Dos...
- Ahí! Casi la tengo.
- Uno...
- La puta madre!
- A donde va, Perez! vuelva! despierte!...
Una ráfaga de viento abrupta absorbió todo lo que flotaba en el aire. Él pasó por la ventana abierta, abandonando el lugar. A la altura del séptimo piso un hombre yacía a la merced del viento, como una hoja.
- Pero qué barbaridad, pero qué barbaridad.. por qué no estamos en otoño?! - Repetía.
Una corriente de aire caliente lo tomó por sorpresa. Abajo, las viejas maldecían al noticioso y entraban sus repoceras. Mientras miraba a todos lados buscando sin esperanza un Secuoya gigante, Perez recordó tener su celular a mano para hablar a su mujer.
- Hola, amor. Disculpame, voy a llegar tarde a casa hoy.
- Qué paso?
- Y... un problema acá en el trabajo, nena, nada grave.
- En el trabajo a esta hora? Mirá que se te enfría tu mamadera...
- Sí, sí sé. Disculpame amor.
- Mira, acá hay mil facturas para pagar, las pasan por debajo de la puerta, que ya no abre. Y tu hijo necesita las llaves del auto. Quién escondió las llaves? Y nuestras sabanas verde-amarillas están sucias, amor.
- Uh, bueno... voy volando, llego en tres minutos, junto con el chasquido.
- Bueno, pero tenemos que hablar de hombre a hombre: hoy el perro se comió todo el pasto de la casa, que lo tenés que cortar porque está largo. Y traé plata para las expensas, que ya están por el cielo. Y forros, que ya viene el cartero. Llevaste tu rompevientos? Mirá que está por llover. Te apago la luz?
–No, no me apagues la luz.
- Y cuidado con el viejo de la bolsa. Nunca pensé que el perro fuera tan buen amante; pero lo tenés que cortar por que está largo. Así que terminaste la primaria? Dichoso; ahora tenés que trabajar! Pero conseguiste trabajo? No. Ultimamente estás en las nubes! no te ocupas de nada! Yo y tu madre no te vamos a bancar toda la vida.
- Si, si, lo sé. Pero es que este problema incide en mí cada vez más, y afecta mis relaciones con los otros y hasta me quita tiempo, incómodamente, este infeliz.
- Basta! ¿Por qué te vas siempre por la diagonal?
- Por que te la voy a poner cruzada. Chau!
Enardecido hombre en ascenso. La señal del teléfono todavía no se extinguía del todo, a la vez que sonaba el recordatorio de llamado.
- Licenciado, ¿cómo anda?
- Bien. Tenga cuidado, allá arriba también llueve. Escuche, su billetera ¿dónde estaba? La cambió de lugar..
- En el portafolio, junto a las cartas sin remitente, dentro de la bolsa negra. La guardé ahí por seguridad.
- ¿Me puede repetir el código de la tarjeta? Siempre me lo olvido.
- 5321.
- Gracias, que tenga un buen día.
- Disculpe...
- ¿Sí?
- Hágame la gauchada, a mi esposa se le están terminando las pastillas del tratamiento...
- No se preocupe en lo más mínimo. Yo me encargo de ese tratamiento especial.
- Gracias.

Perez siguió en ascenso. A la semana, el perro estaba más largo que nunca. El psicólogo se arropaba entre sábanas verde-amarillas habiendo desplazado al cartero.
Recién complacido, capta en el nuevo cielorrazo del dormitorio: un mosquito.
- No importa, sale por la ventana...
- Lo escucho.
- Resulta que mis problemas con la gravedad continúan, peor aun, cada día se agravan más.
- Otra vez con eso, Perez?
- Otra vez, pero ésta tiene que ser la última. Usted me tiene que ayudar.
- Mhh..
- Sucede a cualquier hora, sin causa aparente: de pronto me encuentro en el banco y zas! pierdo todo sentido de la gravedad y salgo flotando. Luego deben bajarme con escobas y cosas por el estilo. Es realmente degradante.
- Me imagino.
- O tal vez esté dando una caminata por el parque y sucede, sin previo aviso. Entonces debo aferrarme a algún pino para no terminar en las nubes! Figúreselo, ya no salgo a caminar de día, con la gente alrededor. Sabe lo que sería sino? yo no tengo por qué ser el circo de nadie.
- Qué terrible.
- Sabe lo que es estar ayudando a mi único hijo con sus tareas del primario y de pronto hallarme en el techo junto a sus globos de helio? Mire a lo que me ha reducido... es realmente embarazoso.
- Lo que tiene que entender usted es que se puede controlar eso. Usted puede, todos lo hacemos cada día.
- Eso me deja más intranquilo... no tiene alguna pastilla que pueda darme, algo?
- Vamos a seguir con las pastillas de siempre, y con el tratamiento que venimos llevando.
- Uh... ese?
- El mismo. Vamos. Sienta el peso de sus párpados, se concentra en un punto, un punto fijo en su mente. Respira lento.
- Es que ya ni sé qué pretendía curar con eso! Siquiera recuerdo por qué vine en primera instancia. Y quiero mi mamadera.
- Concéntrese en el punto, por favor.
- No! ..Y no apagues la luz!
- Concentración! ...vamos más adelante. Qué pasó ese día, hace 30 años?
- Conocí al viejo de la bolsa.
- Por favor...
- Sí, sí lo conocí, en serio! Y está ahí sentado!
Hubo una pausa y sólo se oía la escritura del psicólogo en su libreta. Al rato, al levantar la vista, su diván ya estaba vacío. No así el techo.
- Pero qué barbaridad! Disculpe, por favor!
- Tenga cuidado con el cielorrazo, lo pusimos la semana pasada! ..escuche, a la cuenta regresiva de tres, oirá el chasquido de mis dedos, entonces volverá a ese diván, y actuará normalmente, como un adulto decente. Tres...
- Bueno ahora me agarro de la cortina y bajo, señor.
- Dos...
- Ahí! Casi la tengo.
- Uno...
- La puta madre!
- A donde va, Perez! vuelva! despierte!...
Una ráfaga de viento abrupta absorbió todo lo que flotaba en el aire. Él pasó por la ventana abierta, abandonando el lugar. A la altura del séptimo piso un hombre yacía a la merced del viento, como una hoja.
- Pero qué barbaridad, pero qué barbaridad.. por qué no estamos en otoño?! - Repetía.
Una corriente de aire caliente lo tomó por sorpresa. Abajo, las viejas maldecían al noticioso y entraban sus repoceras. Mientras miraba a todos lados buscando sin esperanza un Secuoya gigante, Perez recordó tener su celular a mano para hablar a su mujer.
- Hola, amor. Disculpame, voy a llegar tarde a casa hoy.
- Qué paso?
- Y... un problema acá en el trabajo, nena, nada grave.
- En el trabajo a esta hora? Mirá que se te enfría tu mamadera...
- Sí, sí sé. Disculpame amor.
- Mira, acá hay mil facturas para pagar, las pasan por debajo de la puerta, que ya no abre. Y tu hijo necesita las llaves del auto. Quién escondió las llaves? Y nuestras sabanas verde-amarillas están sucias, amor.
- Uh, bueno... voy volando, llego en tres minutos, junto con el chasquido.
- Bueno, pero tenemos que hablar de hombre a hombre: hoy el perro se comió todo el pasto de la casa, que lo tenés que cortar porque está largo. Y traé plata para las expensas, que ya están por el cielo. Y forros, que ya viene el cartero. Llevaste tu rompevientos? Mirá que está por llover. Te apago la luz?
–No, no me apagues la luz.
- Y cuidado con el viejo de la bolsa. Nunca pensé que el perro fuera tan buen amante; pero lo tenés que cortar por que está largo. Así que terminaste la primaria? Dichoso; ahora tenés que trabajar! Pero conseguiste trabajo? No. Ultimamente estás en las nubes! no te ocupas de nada! Yo y tu madre no te vamos a bancar toda la vida.
- Si, si, lo sé. Pero es que este problema incide en mí cada vez más, y afecta mis relaciones con los otros y hasta me quita tiempo, incómodamente, este infeliz.
- Basta! ¿Por qué te vas siempre por la diagonal?
- Por que te la voy a poner cruzada. Chau!
Enardecido hombre en ascenso. La señal del teléfono todavía no se extinguía del todo, a la vez que sonaba el recordatorio de llamado.
- Licenciado, ¿cómo anda?
- Bien. Tenga cuidado, allá arriba también llueve. Escuche, su billetera ¿dónde estaba? La cambió de lugar..
- En el portafolio, junto a las cartas sin remitente, dentro de la bolsa negra. La guardé ahí por seguridad.
- ¿Me puede repetir el código de la tarjeta? Siempre me lo olvido.
- 5321.
- Gracias, que tenga un buen día.
- Disculpe...
- ¿Sí?
- Hágame la gauchada, a mi esposa se le están terminando las pastillas del tratamiento...
- No se preocupe en lo más mínimo. Yo me encargo de ese tratamiento especial.
- Gracias.

Perez siguió en ascenso. A la semana, el perro estaba más largo que nunca. El psicólogo se arropaba entre sábanas verde-amarillas habiendo desplazado al cartero.
Recién complacido, capta en el nuevo cielorrazo del dormitorio: un mosquito.
- No importa, sale por la ventana...
-AG-





