martes, 26 de junio de 2007

Todos, ninguno / Sin recuerdo


Las luces se prendían y apagaban estorbando el ambiente. No había silencio y una vez más otro destello retumbaba en la llaga. A esto, Él no remediaba ocultando indignación: un sólo golpe de mano, una seña en seco bastaría para dar fin a todo ese universo, o dominarlo a voluntad, adormiladamente.


Pero su tolerancia era grande después de haber sido responsable del mundo más indiscreto parido bajo el Sol. Una experiencia que era bueno olvidar. Por eso, para no caer en su mismo jugo por exceso, la resignación fue el mejor alojo para su máquina destructiva-creadora, que antes había descansado en las yugulares ajenas, y en cuyas entrañas había ejecutado plectros festivos en cítaras radiantes. Vueltos de la rabia, productos de la desazón del fruto entregado por un áspid andariego.


Ya no importaba.
Sólo el pequeño sentimiento cada vez más fuerte en acosarlo. Pequeño como mil, dos mil cielos. Esa, la impensable chance de obtener tributo (ajeno). Pues nadie existía tan grande como Él. Pues se rodeaba de inventos débiles consternando su propio almacén de vida, devorándose unos a otros con apetito de paladear la mera existencia. Y no sabía cómo desaparecer ese placer ciego en sus creaturas, cabeceando ya indefinidamente el quicio del malestar por sus errores.

Una y mil veces se había repetido esta historia hasta la sinrazón. Era hora de crear algo diferente a todo lo demás, pues ni morir en el intento era una opción barajable en su repertorio. O encontrar un ente similar a Él, aun que sea en la más mínima medida, una naturaleza ajena a sus creaciones que apasigüe la absoluta soledad divida. O desvirtuar sus potencias y admitirse en quiebre, esperando el acontecer de un inusual en la oscura noche de la eternidad. Pero nada de esto era posible. Nada existía del lado externo de su interna energía creadora, un accionar autista que ya lo tenía desesperado, habiendo ligado lazos con una profunda inquietud.

Hasta que de pronto, en ese momento eterno, las creaturas tal vez no eran ya molestas, el zumbar imperfecto, grotesco de los mundos parecía entrar en armonía, en una rara frecuencia nunca captada. Abrieronse los ojos a una nueva realidad vertiginosa, en la que la solución comenzaba a mostrarse sugerente en bailes exóticos salidos de una nueva imaginación gestada poco a poco, como otro universo.

Al fin, como ningún extremo es bueno, la extremada omnipotencia se vio sucumbir bajo su propio peso.


Nunca nadie hubiera creído en Él abandonando su cargo, más nunca nadie hubiera podido tomar partida en evitarlo. Sólo se dejó ir por el impulso de jugar a ser una creatura más habitando el mundo más indiscreto, el tercero parido bajo el sol. Sólo supo defenderse imitando las imperfecciones de sus semejantes, y entonces, como todo ser humano, imperfecto, olvidó su pasado.







-Ag-
(2005)

5 comentarios:

{{{{{{{{{{{3E!}}}}}}}}}} dijo...

muy buena tu web!
re bien los dibujos!
espero que sigas haci!
chau
flashero {3E!}

{{{{{{{{{{{3E!}}}}}}}}}} dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Onalem! dijo...

Jaja, notaba algo diferente en este escrito, al haber leido los demás este era más ambigüo.
Y al final resulto ser que era del 2005, cuando eras más pequeño.

Tercer leido.

-AdRiáN- dijo...

si.. es raro, y cósmico. Pero bueh fue un texto noble q dio vueltas por ahi y quedo como cuento, aunq es una poesia en prosa, expresiva y solo un poco narrativa.

Que bueno que hallas comentado primo, es un gran aliento!

Anónimo dijo...

Hermoso.. sublimemente hermoso